Amar a un ser humano es gozar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo como persona. Es creer en él cuando de sí mismo duda. Contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido. Apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha. Es compartir sus alegrías y alegrarte con él cuando se siente dichoso. Amar a una persona es desearle lo mejor. No hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncia.
Es fácil enamorarse y bastante más difícil mantenerse enamorado, porque ahí entran los pequeños detalles día a día. No creo en el amor humano eterno, sino en aquel que está hecho de cosas pequeñas. El mejor amor se desmorona si no se le cuida. La felicidad está salpicada de dolores y desdichas para que así, cuando estemos felices, la gustemos con más intensidad. Bonita, los buenos ratos hay que fabricarlos, porque los malos, llegan solos.
Colaboración de Miguelito
Estados Unidos
